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domingo, 6 de abril de 2008

"... ¡éste era mi sitio!, ¡sólo fuí a tomar agua!, protesté en vano. "Quien se fue a Sevilla perdió su silla" me respondió la iracunda usurpadora de mi cómodo lugar frente a la tele...
"El que se va a Sevilla pierde su silla"
Este dicho data del siglo XV cuando un sobrino de Alfonso Fonseca, prelado de Sevilla, fue nombrado arzobispo de Compostela.
Como en aquella época había muchos disturbios en Galicia, Fonseca decidió ir personalmente a Santiago para preparar el camino. La sorpresa se la llevó cuando al volver a Sevilla comprobó que su sobrino le había robado el cargo de prelado.

Brillar por su ausencia



"... Èl la esperó inutilmente, ella brillo por su ausencia..."
"BRILLAR POR SU AUSENCIA"
Entre los romanos, existía la costumbre de exhibir en los actos fúnebres los retratos de todos los antepasados y deudos del difunto.
Por eso, el célebre historiador Tácito, al relatar en el libro III de sus "Anales" las honras fúnebres de Junia -viuda de Casio y hermana de Bruto (el asesino de Julio César)- cuenta que todo el mundo se daba cuenta de la ausencia ("brillaban" por ella) de la efigie de los dos criminales.
Posteriormente, en el siglo XVIII, el gran poeta francés André de Chenier puso de moda la expresión brillar por su ausencia que todo el mundo usa hoy, a veces con mala intención, para resaltar la falta de algo o alguien en determinada circunstancia.